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“La Niña” – Historia de Fantasmas [Personal] 11 junio, 2014

Posted by José M. Saucedo in Personal.
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Hace dos años, mientras me preparaban en el Centro Quirúrgico Satélite para una operación urgente de una apendicitis que se había tornado genuinamente mal, mi madre fue requerida por la administración para apartar el cuarto del Hospital donde me recuperaría. La historia que les quiero contar en este escrito nace en ese momento, cuando las enfermeras –según me dijeron varios días después- se sorprendieron cuando mi querida mamá se negó a que yo me quedara en la habitación 214. “¿Por qué no desea ese cuarto?” –preguntó la Jefa de Enfermeras a mi Madre en un tono nervioso- Mi madre respondió que no quería el cuarto porque era muy pequeño, pero ante el suspiro de alivio de las tres mujeres que estaban de guardia esa tarde en el piso, nació una duda que sería resuelta casi dos años después…

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A diferencia de muchas personas que conozco y todas aquellas que se encontrarán casualmente con éste texto, yo no puedo darme el lujo de decir que “creo” o “no creo” en fantasmas, espíritus o situaciones que están relacionadas con la metafísica porque he vivido más de una experiencia que me han dejado las dudas y podría decirse que hasta los temores fuera del tema.

En fin, para continuar con nuestra anécdota hospitalaria debo presentarles a Rebeca, una joven enfermera que estuvo haciéndome guardia durante los más de 30 días que estuve en cama, ya que esa bonita apendicitis resultó ser una peritonitis que estuvo a punto de matarme. Gracias a la gran actitud de Rebeca, ella y mi mamá platicaban de todo mientras estaba en el cuarto y gracias a ella me enteré del drama que sufría otro enfermero porque no lograba bajar de peso, de como muchas pacientes del hospital estaban ahí por culpa de médicos novatos de otros sanatorios que casi las habían matado durante una cirugía plática y al final, de cómo el padre del médico que había fundado el hospital se encontraba viviendo ya en uno de los cuartos del mismo, prácticamente desahuciado. A la mera hora todos eran chismes pero también, eran forma de establecer una efímera amistad y una envidiable familiaridad con la gente que trabajaba en el hospital… hasta que mi mamá preguntó acerca del cuarto 214.

A diferencia de otros enfermeros y las mal encaradas Jefas de Piso que estuvieron cuidándome en esa época, que fingían demencia cada vez que mi quería madre sacaba el tema, Rebeca si nos contó acerca de “la niña.”

En más de una ocasión me ha tocado escuchar los clásicos cuentos de la enfermera que se aparece en el estacionamiento del hospital San José o en el último piso de la Clínica “La Florida”, ambos ubicados en Ciudad Satélite, pero éstos siempre me sonaron patrañas que se tiempo después se repitieron en otros lugares no sólo de Estado de México, sino también de otros estados como Aguascalientes, San Luis Potosí y Guadalajara. Todas las apariciones eran una misma leyenda urbana con su trillada pero bonita historia dramática pegada pero, el caso de “la niña” era diferente.

¿Qué tenía de peculiar el caso de “la niña”? Primeramente debo comentar la reacción de toda la gente del hospital cuando escuchaba hablar del tema; ya que éste no hacía que alguien encontrará la oportunidad de presumir que la había visto o que platicaran acerca de sus teoría del porque este pequeño fantasma se aparecía en el lugar. Una vez que Rebeca nos platicó de “la niña”, comentó que ella era con quien más platicada el padre del dueño de este hospital, un viejo que estaba viviendo en el cuarto 211 del hospital en lo que esperaba a morir y quien le decía a todo aquel dispuesto a escuchar que esta pequeñita existía. Obviamente, muchas personas tiraron al hombre de loco o senil pero, cuando comenzaron a desaparecer cosas de los diversos pisos del hospital para aparecer días o semanas después en la habitación 314, la única explicación que pareció solucionar este problema fue un comentario del viejo, quien decía que ella sólo quería que le dejaran dulces en el cuarto chico, el cuarto 214.

¿Quién fue esta niña? ¿Por qué se aparece en el hospital? ¿Qué es lo quiere? En verdad, más de uno quiso indagar, me dicen, pero nadie ha recibido respuesta, sólo se sabía que cuando comenzaban las travesuras inexplicables en el hospital, una bolsa de dulces en el cuarto 214 hacían que éstas se detuvieran por un tiempo y que aun cuando su recámara estuviera vacía, si se escuchaba que el viejo del cuarto 211 estaba platicando, quizá no estaba necesariamente solo.

Con este aire de misterio y morbosa curiosidad se sostuvieron muchas pláticas con el personal del Centro Quirúrgico Satélite, quienes al ser cuestionada y viendo que no necesitaban “revelar” la anécdota tras la existencia de “la niña”, dejaron atrás su timidez y parecía que estaban desahogándose con nosotros de todas las travesuras que le había hecho la pequeña. En mi caso, durante ese tiempo que estuve en el hospital sólo supe del fantasma por historias, algunas de gente genuinamente asustada y otras que ya veían estos acontecimientos como una broma de alguien para asustar a los ingenuos o para perpetrar ésta “invención”. ¿Cuál sería la verdad? En ese momento no lo averigüé y para cuando me dieron de alta en el hospital, la historia de “la niña” se había quedado ya en una anécdota interesante que habría de sumar a toda la odisea médica que trajo esa operación de emergencia.

Dos años después de todo lo que les comento, un pequeño accidente en una alberca y la negligencia médica de un sanatorio del D.F. me trajeron de regreso a la Sala de Urgencias de este hospital, el cuál encontré con todo un nuevo reparto de enfermeras, camilleros, administradores y médicos que poco o nada comentaban sobre lo que ocurría en el lugar. De nuevo tendrían que operarme de emergencia, de nuevo tendría que pasar más de 15 días hospitalizado y de nuevo tendría que entender que mi vida de excesos ya se había pasado del límite. En el proceso mi madre me logró acomodar nuevamente en el cuarto en el que me había quedado dos años atrás y por el cual no había pasado el tiempo. La misma televisión de 20 pulgadas en la cual solo se veían canales de televisión abierta, un aire acondicionado que no funcionaba y un baño tan incómodo que me hacía pensar dos veces el levantarme para orinar.

Desafortunadamente mi situación médica no fue tan tolerable como en la ocasión anterior, ya que mi temperatura, el azúcar y la presión estaban por los cielos, los antibióticos estaban dándome en la madre y para colmo, los enfermeros tenían un tacto casi nulo para inyectar o colocar el suero. Sí, la atención en el hospital se había enfriado considerablemente, pero lo primero que me llamó la atención a mi llegada fue el hecho de que la habitación 211 estaba vacía. ¿Qué pasó? Nadie supo decirme y Rebeca ya tenía mucho tiempo de haberse ido. Eric, el enfermero que sufría con su peso, era el único que quedaba de la guardia de hace dos años y aunque me recibió con gusto, esa familiaridad ya había desaparecido y al parecer, ni él ni yo teníamos la intención de querer recuperarla. Para este momento era Efraín el enfermero que más tiempo pasaba conmigo y aunque el joven era particularmente tosco, hacía lo que podía.

Una noche particularmente mala, donde la intravenosa finalmente hinchó y lastimó mi brazo, la temperatura no bajó de los 39 grados y el azúcar en mi sangre no cedía los niveles de peligro, pase una noche espantosa en la que finamente cedí al sueño hasta que la Jefa de Enfermeras entendió que tenían que cambiarme el suero de brazo. Molesto, pero cansadísimo de constantes tomas de presión, pruebas de azúcar y con el dolor del brazo y la operación, el sueño me atrapó por cansancio pero, recuerdo bien que antes de perder el conocimiento escuché la risa de una niña en el cuarto.

A poco minutos de que dieran las seis de la mañana, cuando mi cuerpo ya había encontrado la posición perfecta para dormir cómodamente a pesar de todas las agujas y heridas encima, de pronto sentí como alguien se montó repentinamente sobre mí, pegó su boca a mi oído y soló un alarido de esos que se escuchan en las películas de terror ochentera. Mi reacción, que no se si fue en el sueño o a medio dormir, fue voltear la cara y ver quien había gritado, descubriendo una niña de cabello, sin una facción más allá de una sonrisa traviesa y su mirada puesta en mí. ¿Qué hubieran hecho ustedes en ese momento? ¿Salta? ¿Gritar? ¿Llorar u orinarse del miedo? La verdad yo no hice nada de eso, mi reacción fue una gran cara de molestia que estuvo a punto de regañar a esta persona de no ser porqué el atinado de Efraín decidió entrar en ese momento a tomarme la presión y como era de esperarse, la aparición desapareció.

Muy molesto le dije a Efraín que “la niña” me había venido a molestar, como si fuera un tema de todos los días y ante su cara de incredulidad, retiré mi comentario y le dije que había estado teniendo pesadillas; él acabó su trabajo y cuando apagó la luz y se retiró del cuarto, yo me dispuse a dormir, no sin antes ver nuevamente a “la niña” en la esquina del cuarto viéndome, molesta, quizá porque no me había asustado.

Casi tres horas después de que todo esto ocurrió el hambre me despertó y poco después de que llegó el desayuno, justo cuando me quede solo en el cuarto, la Jefa de Enfermeras llegó con un aire de alegre hipocresía a preguntarme si estaba bien y en su corta plática rápidamente sacó el tema de “la niña” y en un tono que pésimamente fingió su preocupación me preguntó si era cierto que “había soñado con ella”. Cuando le conté lo que había ocurrido me dijo que no era el único en el hospital a quien le había estado pasando eso últimamente y que ella no sabía ya que hacer, puesto que los jefes no creían las historias y muchas enfermeras y ayuda en general se estaban yendo a causa de travesuras o acusados de que se habían robado cosas del hospital. Cansado por la pésima noche que pase, escuché con atención a la señora y la deje que se desahogara antes de irme a dormir de nuevo, ahora más calmado, no sin antes decirle que para resolver la situación sólo tenía que dejar una bolsa de dulces en la cama del cuarto 314.

Comentarios»

1. René Rangel - 17 junio, 2014

Pues… yo si le habría dejado dulces, cosas como esa en hospitales (donde suele haber un silencio sepulcral por las noches con un “eco” incomodo) me matan de miedo, y eso que he tenido mis experiencias del tipo que tan solo incrementan mi temor.

Pues que mal que fuiste a parar en el hospital de nuevo pero de menos te mantuviste al parecer un poco entretenido con la historia… me gustaría saber que opinaba tu madre al respecto o si ella también vio a “la niña” :S

2. olea - 16 junio, 2014

Jajaja, hasta tu humor pone de mal humor a los fantasmas XP

Cuidate más, digo ya se que YOLO y todo eso pero a poco quieres ir a visitar a “La niña” otra vez?

Saludos!

3. Chabe Luka - 16 junio, 2014

Excelente anécdota Chepe🙂


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